Iñaki Izquierdo
http://www.diariovasco.com/20091011/deportes/mas-deportes/secretos-hipoxia-20091011.html
DV. ¿Mejorar el rendimiento un uno o un dos por ciento es mucho o poco? En el deporte de máximo nivel, ésa puede ser la distancia entre el triunfo y la derrota, entre la fama y el anonimato, entre todo y nada. Para mejorar unos pocos segundos, centímetros, vatios, los deportistas se sacrifican durante años en el silencio de los entrenamientos, cuidan su alimentación, sus hábitos, y también aplican todos los avances tecnológicos a su alcance.
Uno de los progresos de la ciencia que, según los expertos, puede provocar una mejora del rendimiento del uno, dos... hasta el 5%, es el entrenamiento en condiciones de hipoxia, de baja concentración de oxígeno en el aire, simulando condiciones de trabajo en altitud, pero sin salir de casa, a nivel del mar. Aunque popularmente se conocen como cámaras hipobáricas, su denominación correcta es la de hipoxia.
Esta técnica favorece la circulación sanguínea, la producción de glóbulos rojos y su transporte hasta los músculos. Así, mejora el rendimiento del deportista.
Según expertos, entre un 60% y un 40% de los ciclistas y atletas de máximo nivel internacional utilizan estos métodos, y más de un 25% de todos los deportistas de especialidades de fondo de súper élite, lo que incluye el fútbol. El madridista Raúl admitió públicamente que dormía en una tienda de hipoxia. No es el único.
La selección chilena de fútbol informó de que utilizó la cámara hipobárica del Hospital de la Fuerza Aérea de Chile para preparar su encuentro ante Bolivia en La Paz, a 3.650 metros de altitud. La hipoxia artificial se puede utilizar con dos objetivos, la aclimatación a la altitud -como la selección chilena o también los himalayistas antes de partir a sus expediciones- y la mejora del rendimiento al nivel del mar.
Triple efecto
La hipoxia artificial no sólo provoca un aumento de los glóbulos rojos, sino que genera una triple mejora en el rendimiento deportivo. Provoca adaptaciones fisiológicas que afectan a la sangre, al músculo y a la circulación sanguínea en general.
En cuanto a la sangre, se produce una activación en la producción endógena de eritropoyetina (EPO) y de esta forma se estimula la producción de glóbulos rojos. Ello se traduce en un aumento del consumo máximo de oxígeno y de la resistencia aeróbica, con lo que el rendimiento físico mejora de forma significativa
A nivel muscular, la hipoxia da lugar a una transformación física y provoca la activación de prácticamente todas las enzimas, lo que mejora el rendimiento anaeróbico del deportista.
Y, en tercer lugar, también se consigue una mejora en los canales de distribución, es decir, aumentan los vasos sanguíneos, lo que da más capacidad al músculo en actividad intensa o en proceso de recuperación. Por esto último, aunque la hipoxia favorece más a los fondistas, también la utilizan velocistas, a los que permite más calidad y cantidad de entrenamientos, al favorecer la recuperación.
México 68
El origen de las investigaciones para el entrenamiento en hipoxia surgen con motivo de los Juegos Olímpicos de México en 1968. La capital azteca está a 2.240 metros sobre el nivel del mar, y esa circunstancia generó muchas preguntas sobre cómo sería el rendimiento en ese entorno de menor presión y densidad del aire.
Los resultados no dejaron lugar a dudas. Llegaron marcas espectaculares en pruebas cortas y explosivas -con el 8,90 de Bob Beamon en longitud como ejemplo definitivo- y en cambio los fondistas pagaron la dureza de las condiciones.
A partir de ahí, se empezó a teorizar con el entrenamiento en altura. Lo ideal era dormir en altitud y bajar a entrenar a nivel del mar, pero esa dinámica es compleja porque obliga a largas concentraciones y muchos desplazamientos que incomodan al atleta y complican mucho el trabajo.
Por eso, se empezaron a idear sistemas de hipoxia artificial. Estas técnicas tuvieron un desarrollo importante en los países nórdicos. Organizaron estancias en hoteles con salas de hipoxia, pero eran instalaciones muy grandes y costosas.
Introducían nitrógeno en las habitaciones para reducir el porcentaje de oxígeno en el aire, un 21% a nivel del mar. Con el tiempo se consiguieron sistemas de extracción de oxígeno eficaces que conseguían dar un aire hipóxico. Sin embargo, seguían siendo sistemas muy grandes y caros.
La siguiente evolución fueron las pequeñas tiendas, que cuentan con dos ventajas: al tener poco volumen, se modifica fácilmente la concentración de oxígeno y se pueden transportar con comodidad.
En este momento, hay sistemas de hipoxia muy variados: tiendas, mascarillas, habitaciones de metacrilato...
Continua o intermitente
Actualmente, hay dos tendencias. La hipoxia continua, que consiste en dormir en una tienda, de modo que se consigue estar entre ocho y diez horas en la altitud simulada que se desee, lo más habitual entre 2.500 y 3.000 metros.
El otro sistema es la hipoxia intermitente, que se utiliza en Rusia y Australia. Se trata de estímulos a través de una mascarilla, de cinco minutos de duración y que simulan altitudes de seis o siete mil metros. Según los australianos, este sistema es mejor porque la alternancia del estímulo es más eficaz que el mantenimiento de las condiciones de hipoxia durante toda una noche, por ejemplo.
Una tienda de hipoxia sencilla puede costar unos 4.500 euros y es el sistema más barato. A partir de ahí, todo lo que se quiera. En los Emiratos Árabes, por ejemplo, acaban de inaugurar un polideportivo que puede convertirse en una gran cámara de hipoxia. Si el dinero no es problema, la tecnología puede producir cosas así.
Es legal
Las cámaras de hipoxia no están libres de la polémica que acompaña a todos los sistemas de preparación científica. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) autorizó los sistemas de entrenamiento en hipoxia, pero eso no ha cerrado la polémica.
Las cámaras o sistemas de hipoxia son legales, aprobadas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), pero a algunos les provocan dudas. Mikel Astarloza, el ciclista de Euskaltel, alegó el uso de la cámara hipobárica como uno de los motivos que explicarían lo que considera un error en el análisis que determinó su positivo con EPO antes de ir al Tour de Francia.
La polémica está motivada porque deportistas señalados por la mancha del dopaje como Marion Jones, Alexandre Vinokourov o Jan Ullrich, entre otros, se declararon usuarios de la hipoxia.
Los expertos consideran que se necesitan entre seis y ocho semanas de trabajo en hipoxia para que se note la mejoría, para que haya cambios significativos.
En su página web, la empresa guipuzcoana Biolaster, que comercializa sistemas de hipoxia, niega que el uso de estos aparatos pueda provocar un positivo, aunque admite que «la hipoxia intermitente podría en algún caso dar lugar a un resultado negativo en un control antidoping de EPO, resultado que hubiera sido positivo sin la realización de hipoxia».
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